miércoles, 21 de mayo de 2008

respuesta

Luego de haber obtenido el empleo, seria mi primer DIA en el colegio nacional.
Las manos me sudaban y mis dedos se enredaban unos con otros en una especia de lucha espartana. Sabia que detrás de esa puerta me aguardarian con sus fauces bien abiertas 40 alumnos todos hombres, todos bien malditos como cualquier muchacho de 18 años. Cuando entre pude notar como se esbozaban las sonrisas en sus rostros. Estaba lista. “estos desgraciado olieron mi miedo” me dije a mi misma. En fin, comence mi discurso intentando inspirar confianza y dar otra imagen, pero no. Ellos ya sabian lo debil que era.
Uno de ellos en especial, hernan, se aprovecho de su encanto y su intelecto para llamar mi atención y ahí nomas cuando permanecio parado mientras todos los demas ya se habian sentado y se presento con aquella voz hombruna pero a su vez tan joven, sabia que algo no iba a terminar bien.
Las semanas y las clases de literatura siguieron su curso, pero nosotros dos nos encontrabamos a escondidas con los ojos entre frases de bequer y demas eminencias literarias.
Como una niña de 14 años comence a maquillarme y a tomar una actitud ridículamente felina ante hernan. El ya sabia y asi comenzamos a mandarnos cartas.
La señorita eugenia estaba ilusionada, hasta se podria decir enamorada de su alumno, el cual victima de su orgullo le tendio una tramoa.
Consecuentemente los dos terminaron en un galpon, hernan estaba cruzando la linea de llegada con laureles detrás de sus orejas.
Pobre señorita eugenia, desvalorizada, debil y tan decadente,
Pobre señorita eugenia, tan ingenua comprendio todo cuando encontro colgado en el pizarron, frente a toda la clase, el colgante que pendia de su cuello y se ocultaba entre sus pechos.

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